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COMUNICACIÓN DINÁMICA
ENERO - MARZO, 2006

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CONTENIDO

Comunicación Dinámica
Haroldo Calkins

Escuelas de interpretación del Apocalipsis
Gustavo López

Una ola de fiebre
Larry Mc Neill

Dietrich Bonhoeffer
Jaime Mazurek

Las bendiciones y maldiciones de Deutoronomio
Jaime Mazurek

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Edgardo Muñoz

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  •     Comunicación Dinámica
          Haroldo Calkins (Año: 2006 - Num.: 1)   email:  print: imprimir articulo

    CONOZCA

    La mayoría nos sentimos más cómodos con la comunicación verbal antes de cualquier otra clase.  Especialmente los de edad más avanzada consideramos la palabra hablada o escrita como el mejor medio para compartir información.  Como este medio ha sido el dominante entre los educadores, damos por sentado que el discurso o la palabra impresa son los medios más eficaces de enseñanza y aprendizaje.  Pero, ¿es cierto eso?

    ¿Cómo aprendemos?  Aprendemos mediante la impresión: al ver, oír (o leer), oler, palpar, o degustar.  Los psicólogos han determinado que hasta cierto punto aprendemos por medio de cada uno de los cinco sentidos: la vista, el oído, el tacto, el olfato y el sabor.

    Una vez recibida una impresión, el grado de retención del alumno se puede ampliar o reforzar mediante la expresión: pensar, hablar, dramatizar (como el papel de un actor), u otra actividad de reforzamiento del aprendizaje.  Un estudio dice que retenemos información de la siguiente manera:

     

    RETENCION

    Leer o escuchar               10-13%

    Ver                                        20-30%

    Escuchar y ver                  50-80%

    Decir                                    Hasta un 70%

    Hacer                                   Hasta un 90%

     

    Estas estadísticas son intrigantes.  Si la información de los estilos de aprendizaje confirman el axioma: Oigo y olvido; veo y recuerdo, las estadísticas sobre la retención dicen: Hago y comprendo.  En días pasados, instruir a un niño o alumno significaba que se enfatizaba el proceso y que el niño o el alumno debían adaptarse al proceso.   Con esta  nueva información sobre los estilos de aprendizaje, en años recientes la educación ha pasado por un gran cambio.  Hay un creciente énfasis del concepto de comprender a cada niño o alumno. 

    Estudios recientes han llegado a estas conclusiones:

    1. Cada persona tiene desde el nacimiento tendencias hacia cierto temperamento.   Aunque variaban muy poco en su reacción inicial al mundo, las personas estudiadas desde la infancia  hasta ser adultos, quedaron dentro de estas cuatro categorías:

    1.  Dóciles (40%)

    2.  De reacción lenta (15%)

    3.  Desafiantes (10%)

    4.  Una mezcla (35%)

    1. Las personas desarrollan preferencias de aprendizaje que permanecen relativamente constantes por toda su vida.  Llamamos a esto estilos de aprendizaje.   Cuando un niño o alumno tiene dificultad de aprender o adaptarse, puede cambiarse un poco el estilo de la enseñanza para que coincida con sus preferencias, y aumenta en alto grado el aprendizaje.   Uno de los factores que más influye en el aprendizaje del alumno es su modalidad perceptiva preferida.   Una modalidad perceptiva se define como el sentido (oído, vista, tacto, experiencia) mediante el cual el alumno aprende mejor.

    Los cinco modos perceptivos más comunes son:

    1. Auditivo: Aprendizaje mediante el oído, el habla o ambos.
    2. Visual: Se percibe la información mediante la vista.
    3. Táctil: Los alumnos exploran el mundo mediante el tacto y necesitan sentirse a gusto con lo que están aprendiendo.
    4. Cinético: El alumno prefiere amplios movimientos del cuerpo o prefiere una experiencia material.
    5. En combinación  tacto dominante: Aprendizaje mediante una combinación de sentidos táctiles (el tacto) y cinéticos (movimiento).

    Vivimos en la era de la informática.  Como comunicadores tenemos muchas opciones disponibles.  Podemos usar la computadora, televisión, vídeos, películas, y la Internet para la narración.  No solamente leemos u oímos acerca de los acontecimientos.  Los vemos suceder, y tenemos acceso a un sinfín de información.  Según los expertos, este año el mundo va a producir más de dos gigabytes de información por cada ser humano del planeta.  Cada persona puede leer, oír, o ver y procesar alrededor de cuatro gigabytes de información durante el curso de su vida.  Eso presenta un dilema interesante.  La capacidad máxima del disco duro de mi computadora es de 40 gigabytes.  Eso es diez veces más de lo que puedo usar durante toda mi vida.  Ahora tenemos toda la información que jamás pudiéramos desear, pero nos frustra la inhabilidad de usarla efectivamente en razón de tiempo.  ¡Todavía tenemos solamente veinticuatro horas en el día!

    ¿Qué significa todo esto para la educación, el adiestramiento, y el discipulado?

    1.                  Orientación visual.  Cada día estamos más orientados hacia lo visual.  Los medios electrónicos son los métodos de aprendizaje preferidos.  Niños, jóvenes, y hasta adultos ven televisión un promedio de 5 a 6 horas diarias.

    2.                  La atención.  Como cada imagen en la pantalla de televisión dura solo unos segundos, estamos creando una generación que puede mantener la atención por muy poco tiempo.

    3.                  La velocidad al escuchar.  Según estudios, pasamos 45-50% de nuestra vida escuchando.  No obstante, muy pocos han sido adiestrados a escuchar eficazmente.  Como podemos escuchar cuatro a diez veces más rápidamente que hablar, la comunicación hablada puede no ser suficiente para retener el interés.  La comunicación visual puede ayudarnos a mejorar muchísimo la presentación de una lección.

    4.                  Límites e importancia del tiempo.  En una sociedad en que todo el mundo anda muy ocupado y cuida celosamente el tiempo disponible, tratando de evitar las distracciones y pérdidas de tiempo, los oradores y maestros pueden ser considerados intrusos.  La gente escuchará solamente si le parece que es algo de valor, porque da muy poca importancia al evangelio y las cosas espirituales.

    5.                  Retención.  Como un número creciente de personas prefieren lo visual, retienen más lo que aprenden mediante el uso de la vista.  ¿Cuántas veces ha olvidado usted un nombre? ¿Pero ha olvidado alguna vez un rostro? Por eso decimos que una figura vale más que mil palabras, o que hay que ver para creer.

    Nos guste o no, competimos con los medios masivos de comunicación.  A pesar de que percibimos el mundo mejor con la vista, rara vez se nos prepara para comunicar visualmente.  Esto limita nuestra habilidad de trasmitir nuestro mensaje.

    En años pasados, la comunicación requería solamente de alguien que enviara el mensaje y alguien que lo recibiera.  Para nuestros abuelos era un proceso sencillo.  Recibían el conocimiento mediante la palabra impresa o a través de algún discurso.  Después de leer (o escuchar), el receptor comenzaba el tedioso proceso de masticar cada argumento para digerir los hechos.  Sin embargo, en nuestro día saturado de medios comunicativos, hay una nueva comprensión de la importancia de la comunicación visual.  ¿Por qué no aprovechar esto en la educación cristiana?

    Es cierto que nuestros alumnos tienen dos oídos.  Pero también tienen dos ojos, una boca, dos manos, y dos pies.  Cada uno de estos tiene su parte en el proceso de aprendizaje.

    Uno y otro estudio indica que la retención es vital para el aprendizaje.  Recordamos diez por ciento de lo que leemos o escuchamos.  Agregue un elemento visual y el oyente retiene considerablemente más información.  Según un estudio, si combinamos la vista y el oído, podemos recordar de 50 a 80 por ciento.  Si los alumnos responden verbalmente o participan en actividades relacionadas a la lección, recuerdan de 70 a 90 por ciento.

    Cuando los alumnos no aprenden quiere decir que el maestro no está enseñando con éxito.  Para los mensajeros del evangelio, el aprendizaje es crucial.  El éxito que tengamos al enseñar determinará el tamaño y la condición de nuestras iglesias.  Dios nos ha puesto como agentes de cambio para hacer discípulos.  Nuestra comunicación tiene que resultar en vidas transformadas.

    Tenemos que estar dispuestos a ajustar nuestros métodos de enseñanza para alcanzar a esta generación de los medios de comunicación.  Constantemente debemos  evaluar y mejorar los métodos que usamos para que la Palabra de Dios siga siendo difundida hasta los confines de la tierra.

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