La indiferencia no es la mejor consejera ante la problemática de este continente. La inestabilidad política, económica, social y por que no decirlo, religiosa es evidente en todos los ámbitos. La bomba compuesta de militarismo, democracias débiles, los más altos índices de cesantía del mundo, el espectro del materialismo al acecho, el terrorismo, el hambre, puede explotar en cualquier momento.
¿Cuál es el papel de la Iglesia? Un cambio de dirección a un mejorado y profundo enfoque doctrinal para Latinoamérica que involucre la evangelización y la conservación de resultados históricos concretos. Es necesario abandonar la mentalidad de templo de barrio y asumir la responsabilidad que Dios desea para todo este hermoso continente.
La Iglesia es la punta de flecha del reino de Dios y la voluntad de Dios es que ella llegue a la vida del hombre, integralmente, sin dejar nada de lado. Es el momento de que la Iglesia actúe en este escenario tan violento, imponiendo la autoridad de Dios sobre la vida de los hombres, con la convicción con la cual un terrorista destruiría miles de vidas por su ideal.
La disyuntiva es observar imperturbables cómo Satanás roba el campo que Dios entregó a la Iglesia o apropiarse, en la fe, de las promesas de Dios para sus hijos, levantando en alto la alternativa de Dios para este pueblo. Es necesario enfrentar el problema en todos los frentes. La Iglesia no está involucrada en alguna política contingente. ¡ELLA ES IA POLÍTICA DE DIOS PARA EL HOMBRE! ¿Es que no se enseña que la salvación no es sólo para el alma sino más bien para el hombre en su totalidad? Es necesario evitar la edificación de altares alejados del mundo y desprovistos de toda influencia en la sociedad.
¿Qué se puede hacer?
* Profundizar el enfoque doctrinal que involucre al hombre integralmente. La visión deberá ser: ganar al continente para Cristo.
* Las editoriales cristianas deben empaparse de esta necesidad y deberán canalizar sus energías literarias en esta dirección.
* Las iglesias locales deberán aceptar el desafío, admitiendo entrar en campos que la Iglesia no acostumbraba a pasar.
* A nivel nacional, distrital y local se deberán multiplicar seminarios, retiros, charlas y toda clase de actividades que estimulen esta visión.
La indiferencia del pueblo evangélico
La lectura de teología contemporánea contiene elementos que conviene meditar por cuatro características:
* Una lectura apasionante. El lector se encuentra con hermenéuticas sorprendentes que lo estimularán a dar una respuesta. Los teólogos no son unos neófitos. Son estudiosos que piensan ...y mucho.
* Una lectura provocativa. Es imposible no tomar una posición luego de leerla. ¡Invitan a una reacción!
* Una lectura que lleva a la acción. En las poblaciones se está librando una lucha, una violenta batalla. Muchas veces no se debe a la acción de jóvenes católicos o evangélicos progresistas.
* Una lectura para hoy. No deja al lector el sabor de estar tratando asuntos del más allá, sino de un compromiso aquí y ahora. Se les puede acusar a sus autores de políticos o indiferentes, pero el mérito es su preocupación por la hora actual.
No todos los institutos bíblicos o iglesias locales están seriamente preocupados por la teología contemporánea. Karl Barth es un perfecto desconocido para muchos creyentes. La paradoja es que el creyente de todos modos está indirectamente informado de ella: el reino social en las poblaciones, la opción por los pobres, el secularismo de la religión, ver a Cristo en el vecino, frases conocidas para cualquier cristiano bien informado. Así que la Iglesia está familiarizada con la efervescencia social, que algunas veces proviene de sectores católicos y evangélicos animados por una perspectiva social del reino de Dios.
Las declaraciones de sectores evangélicos de vanguardia que apoyan, disienten o critican la política contingente son comunes. Esto se hace más evidente cuando gobiernos de facto impiden la libre expresión que obliga a estos sectores a tomar la iniciativa. Algunos cristianos son detenidos y hasta torturados por no parecer su situación muy clara. Para unos son disfrazados de cristianos y para sus colegas mártires en la fe.
La contradicción es que no todos saben cuál es la causa de estos efectos. Al creyente le resulta difícil comprender a estos cristianos comprometidos con esta praxis tan ajena a las Sagradas Escrituras. Este comportamiento sería imposible sin el previo análisis y conocimiento de la teología contemporánea, cuyo fruto más destacado es la teología de la liberación.
¿No es peligrosa la indiferencia? ¿No preocupa el éxito de estas teologías en Latinoamérica? ¿No conviene que las iglesias sean instruidas detalladamente en esto?
Una información adecuada
Estad siempre preparados, nos dice la Biblia. El material es tan abundante que se nos presenta el dilema de cómo y dónde empezar.
Se debe familiarizar a la mayor cantidad de creyentes en las principales corrientes teológicas y a las doctrinas afectadas por ellas sin asustarse por las ideas profundas o los términos imposibles que dejarían fuera al común denominador del creyente. Más bien se deberán realizar simplificaciones en pequeños formatos, tratados y folletos. Estas presentaciones deberán ser sistemáticas y asociadas con los hechos que ocurren a diario. Conseguir información es muy fácil por la periodicidad con que ocurre esta clase de noticias.
¿Dónde hacerlo? El instituto bíblico es ideal pero insuficiente. Se necesita instar a tiempo y fuera de tiempo, involucrando a todos los creyentes, dando énfasis a los seminarios, los cursos por extensión, Correspondencia, cuestionarios y otros.
Los jóvenes son especial caldo de cultivo de las ideologías imperantes. Luego que la iglesia local tenga dominio de algún tema, se puede hacer una invitación a la comunidad al debate. ¡La Iglesia debe hacer declaraciones de los propósitos de Dios para el hombre!
De esta manera, además, se evangelizará gente que opina de los creyentes como despreocupados de los asuntos actuales.
Absorción de los aspectos positivos de la teología contemporánea
¿Podrá salir algo de bueno de estas teologías? Con temor, pero decididamente se puede contestar que sí. ¡La Iglesia debería ser sensible al Espíritu Santo de Dios en escudriñarlo todo, reteniendo lo bueno! Todo esto, sin temor a oír blasfemias o a ser heridos doctrinalmente. Veamos algunos ejemplos.
La justificación. Karl Barth ha sido acusado de universalista, pero ¿el evangélico, en especial, no ha tomado la manada pequeña demasiado en serio? No cabe duda que lo que fue alcanzado en Cristo Jesús por la gracia de Dios, en nuestro favor, siempre es más amplio de lo que hemos comprendido. Aquí se nos presenta una preciosa oportunidad para analizar a quienes incluye el sacrificio de Cristo. ¿Cómo debemos tratar con los hermanos incluidos en este perdón?
El fin justifica los medios.
¿Es doctrinalmente normal que un cristiano permanezca indiferente ante la injusticia social, ante la falta de medios para la educación, ante la droga? Bonhoeffer terminó sus días en un campo de concentración por complotar contra el tirano Adolfo Hitler. Conociendo a este pastor alemán como el apóstol de esta doctrina, sin llegar a sus extremos, nos ayuda a plantearnos interrogantes: ¿El fin que persigue la Iglesia incluye a la sociedad? ¿Qué papel debe asumir la Iglesia en países donde el número de creyentes le posibilita elegir alcaldes, gobernadores, diputados y hasta senadores? ¿Qué puede hacer la Iglesia frente a hechos despiadados cometidos por algún sector político? ¿No es necesario asumir una doctrina clara frente a todos estos asuntos?
Un reino de Dios social.
El evangelio del reino de Dios tiene diferentes connotaciones en el día de hoy, pero para la teología de la liberación o la teología de la esperanza de Moltmann, el reino tiene que ver con una visión social de la Iglesia, una participación de ella en todos los ámbitos de la vida secular; compromiso es la palabra que lo define. El reino de Dios tiene que ver particularmente con los pobres; es una buena noticia para ellos. En Latinoamérica es común ver a sacerdotes europeos que han abandonado sus cómodos hogares para vivir entre los pobres de los pobres, identificándose plenamente.
Podemos rechazar esta interpretación del reino de Dios, pero lo que no es posible hacer es desentenderse del mensaje del reino de Dios para el hombre como un todo. La Biblia dice que el evangelio no es sólo decir: Id en paz, calentaos y saciaos. Más bien es tomar acción eficaz frente a la necesidad. Se deben persuadir los corazones para que llegue el momento de: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene y el que tiene que comer haga lo mismo. El evangelio del reino es una realidad imposible de eludir. Se deberá, pues, hacer un estudio serio a todo nivel de él.
La desmitologización.
Hiela la sangre leer cualquier escrito de Bultmann con relación a la Biblia. El Nuevo Testamento queda tan desprovisto de todo lo que posee, que asusta. Buena ocasión para presentar una defensa racional, seria y lógica de las Sagradas Escrituras.
La esperanza y el futuro.
La Iglesia, según Moltmann, debe apoderarse del futuro y traerlo hacia el presente cueste lo que cueste. La Iglesia debe responder a la pregunta hecha por el liberacionismo: ¿El uso de los medios es proporcional a los fines? Con este pensamiento queda incluida la violencia. Dicen que después de todo lo único importante es que la verdad de Dios quede establecida en la tierra a toda costa. Los creyentes pueden analizar aquí: ¿Hasta qué punto la iglesia desarrolla lo que está por hacerse? ¿Qué se puede decir de alcanzar el futuro por medio de la fe? ¿Hoy se vive lo que se quiso vivir ayer?
Conclusión
Muchos otros temas pueden ser analizados por la Iglesia, según los parámetros sugeridos o no, de modo que se presente una visión de contraataque a la teología contemporánea y a sus estrategias en el continente. De lo que no cabe duda es que la vida de Latinoamérica depende de la acción de la Iglesia hoy.