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ENERO - MARZO, 1987

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  •     El Espíritu Santo y las Escrituras
          Maximiliano Gallardo P. (Año: 1987 - Num.: 1)   email:  print: imprimir articulo

    Uno de los peligros que la Iglesia de Jesucristo enfrenta con cierta frecuencia es la inclinación de producir una dualidad entre el Espíritu Santo y las Escrituras. Expresiones como “La letra mata, más el espíritu vivifica” o “Lo único importante es la Biblia; no son necesarias las experiencias subjetivas”, polarizan a los creyentes en posiciones extremas. Los protestantes de las iglesias históricas acusan a los pentecostales de emocionalistas, y estos llaman a aquellos “cristianos fríos”.

    Para el católico esto no es problema, ya que su enfoque de la vida cristiana no toma en consideración esos aspectos que para el evangélico son tan importantes. Por lo demás los nombres de prestigio católicos en la historia son los místicos españoles o los eruditos escolásticos que poco caso hacían de la Biblia. Por el lado protestante el asunto es muy diferente debido a la declaración reformada “Sólo Biblia” que presenta una base de autoridad en contraste con la variedad de consulta católica romana.

    En épocas de frialdad espiritual imperante, se ha visto una conformidad con una vida cristiana que consiste en el simple reconocimiento a tal o cual declaración doctrinal, dejando de lado la fe experiencial que se espera del que nace de nuevo. Al mismo tiempo el pietismo alemán con su descuido de los elementos intelectuales de la fe y el avivamiento wesleyano con su énfasis en “el testimonio interno” inclinaron al creyente a confiar más en su experiencia que en la Palabra de Dios.

    El movimiento pentecostal, al poner énfasis en la experiencia del bautismo en el Espíritu Santo, desembocó en algunos grupos extremos un alejamiento de la Palabra de Dios para llegar a un subjetivismo ávido de “Revelaciones especiales”. La “Nueva Luz”, más conocida como “Sólo Jesús”, es un ejemplo característico de los excesos a que puede llegar esta equivocada tendencia.

    El moderno concepto carismático de las Escrituras se acerca mucho a las ideas neo-ortodoxas de la revelación. Expresiones como “la Palabra” y “el espíritu de la Palabra”, “la Palabra manifestada” y “la Palabra revelada”, y “Logos” y “Rhema”, convierten el conocimiento de las Escrituras en un encuentro subjetivo, desposeído muchas veces de una sana hermenéutica. El problema se multiplica por la poca claridad de los conceptos mencionados.

    Siempre es difícil lograr un equilibrio. El conocimiento bíblico sin una vida sometida al Espíritu Santo logra sólo creyentes teóricos. Pero pretender vivir sometidos al Espíritu sin un conocimiento adecuado de las Escrituras es desconocer que “la fe viene por el oír la Palabra de Dios”. Las Escrituras nos dan la base objetiva de nuestra fe; el Espíritu Santo hace la obra interior por la regeneración y la santificación. En la salvación ambos son absolutamente inseparables. Las siguientes citas bíblicas nos muestran que ambos actúan en armonía perfecta y que es absurdo excluir a alguno en su accionar.

    * El Espíritu es el que vivifica la Palabra y la hace irresistible. “Pero no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba.” Hechos 6:10. Esteban se convirtió en un problema insoluble para los enemigos del evangelio. La clave es su sabiduría bíblica y el poder espiritual que reposaba sobre él.

    * En la salvación el Espíritu y la fe en la Palabra de Dios van unidos. “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido ...siendo renacidos ...por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre.” 1 Pedro 1:22-23. El Espíritu obra en el pecador al convencerlo de la verdad que posee la Escritura y sólo de esta forma puede ser renacido.

    * La Palabra recibida produce el gozo del Espíritu. “Pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo... recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo.” 1 Tesalonicenses 1:5, 6. Es incorrecto pretender poseer el auténtico gozo del Señor que produce el Espíritu sin conocer el mensaje del evangelio. Este es superior aun a las dificultades y problemas; no es un simple emocionalismo sin raíz.

    * Resistir el mensaje de Dios es resistir al Espíritu. “¡Duros de cerviz e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros.” Hechos 7:51. Los judíos no estaban dispuestos a someterse al mensaje de Esteban, aunque este estaba firmemente arraigado en las Escrituras. El diácono entendió esto como el equivalente a resistir al Espíritu.

    * El autor de Hebreos hace de la Palabra un sinónimo del Espíritu. “Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones.” “Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho: Este es el pacto que haré con ellos ...añade: nunca más me acordaré de sus pecados.” Hebreos 3:7, 8; 10:15-17. Indudablemente el autor de la carta cita el Antiguo Testamento, pero identifica plenamente la Palabra escrita como la Palabra del Espíritu. Es uno de los argumentos más plenos sobre la autoridad de las Escrituras. Por eso el ve la Palabra “viva y más eficaz que espada de dos filos ...que discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.” Hebreos 4:12.

    * En el Concilio de Jerusaln se consideraron, en la decisión final, las Escrituras y el Espíritu Santo. “Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito...” “Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias.” Hechos 15: 15, 28. Siendo esta reunión de trascendente importancia para la Iglesia primitiva, resalta el correcto criterio para discemir la voluntad de Dios considerando los elementos más importantes: las Escrituras y el Espíritu Santo.

    En base a lo expuesto en la Biblia, podemos establecer varias pautas para el buen equilibrio de énfasis en la vida cristiana:

    El Espíritu nunca actuará independientemente de las Escrituras en la salvación, edificación, santificación y orientación del hijo de Dios. El Espíritu Santo siempre dirigirá al creyente a tomar decisiones, empresas de fe, adquisiciones, posiciones en armonía con el mensaje bíblico. El Espíritu no revelará nada que no haya mostrado claramente en la Biblia. Las sectas falsas dentro del cristianismo indefectiblemente se formaron al aceptar “revelaciones” doctrinales extrabíblicas, terminando por sujetar la Palabra de Dios a enseñanzas ajenas a esta. La Biblia debe ser la base que dé validez a nuestras experiencias, ya sean sueños, profecías, visiones u otras. Para nadie es un secreto que muchos creyentes viven más preocupados de sus tradiciones, sueños, corazonadas o testimonios particulares que dé la Palabra de Dios.

    Es una gran ventaja que dentro de sus planes, Dios ha considerado importante entregarnos estas dos grandes bendiciones que tanto bien proporcionan diariamente a nuestra vida: la Palabra vivificada por el Espíritu, y el Espíritu moviéndose conforme a la Palabra.

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