En un programa cultural de la televisión mexicana se llevaba a cabo una entrevista a Jorge Luis Borges en la década de los años setenta. No me quería perder ni una palabra del maestro. El locutor le preguntó que si creía en Dios. El camarógrafo le captó de frente aquellos ojos invidentes. Con melancolía pronunció Borges estas palabras que me embargaron de dolor: Quisiera creer, pero no puedo. No puedo.
Otro escritor y literato de renombre, Luis Alberto Sánchez, dice en la revista Visión, edición del 17 de septiembre de 1990, página 19: Confieso que si Dios está en todas partes, por lo mismo, a veces pareciera que no está en ninguna.
Ambas eminencias tienen la misma dificultad de pretender encontrar a Dios de acuerdo con lo que su gran capacidad intelectual ha determinado que debe ser. Es cuestión de hermenéutica. Estos hombres no encuentran a Dios por no aceptar la revelación bíblica de Dios. Este ser supremo no promete actuar de acuerdo con lo que un hombre inteligente estime que debiera hacer. Ambos maestros se olvidaron de que la Biblia enseña que Dios sí va a poner fin a la maldad; pero, si uno escudriña toda la Biblia, se da cuenta de que lo hará al tiempo determinado y no cuando algún ser humano se lo exija.
Podemos sacar gran provecho de esta deficiencia hermenéutica lamentable de tan ilustres personas. Dios nos libre de poner por nuestra cuenta una importancia sobre alguna verdad pero de perder la relación de ella con las demás enseñanzas. La idea que nos parece tan importante siempre tiene que ser analizada a la luz de la totalidad de las Escrituras si es que no queremos ser llevados por doquiera de todo viento de doctrina.