Los grupos étnicos del país no tienen mucho en común, aunque se les ha impuesto un idioma y se ha decretado una religión oficial en Malasia. Por un tiempo Singapur pertenecía a esta federación, pero surgieron muchos problemas políticos que en parte se debían a que los chinos son mayoría en Singapur, mientras que en Malasia representan el 32% de la población de 17,4 millones. Los de la raza malaya constituyen el 59%. Así fue que se independizo Singapur. Los chinos de Malasia que dominan gran parte del comercio se quejan de que los malayos controlan el gobierno nacional en una medida desproporcionada a sus números. Los ciudadanos de descendencia de la India, que en su mayoría hablan el tamil y representan el 9% de la población, se quejan de que los malayos los consideran ciudadanos de segunda clase. La historia de este país revela más de un conflicto entre los grupos étnicos.
La capital es Kuala Lumpur con una población de un millón. Siendo el gobierno nacional una democracia federal parlamentaria, tiene también una monarquía constitucional. Ejerce hegemonía en lo que tiene que ver con relaciones exteriores, economía y otros asuntos; pero se le da autonomía en asuntos regionales a los trece estados, cada uno de los cuales tiene su propio sultán. Debido a esto se nota una considerable variación de leyes y costumbres en las regiones.
La geografía es fraccionada y muy variada. Dos partes que dan al Mar Meridional de China forman la nación. Por el occidente se halla la parte peninsular que colinda con Tailandia en el Istmo de Kra. La punta sudoeste de la península está separada de la punta oeste de la segunda parte del país por 640 kilómetros del mar. Una franja de unos 200 kilómetros de ancho del norte de la isla de Borneo constituye la parte oriental. La suma del área de las dos partes llega a 329.749 k², o sea, menos que el área de Paraguay.
Malasia tiene fabulosa riqueza en sus recursos naturales y humanos. Es el mayor productor mundial de estaño (35%). El 35% de la producción mundial del caucho natural se realiza en esta nación. Tiene otros minerales como petróleo y hierro. Sus exportaciones tienen más valor que sus importaciones. Se ha industrializado bastante. Su alfabetismo alcanza 80%. El idioma oficial es el malayo, aunque cada grupo étnico tiene su propio idioma.
Se ha declarado como religión oficial el Islam sunnita. La constitución establece la libertad de culto. Se hallan templos de diferentes grupos religiosos en distintas partes del país, pero los islamistas manifiestan fervor para mantener la fuerza numérica y la influencia mahometana de siempre.
Contraviene la libertad del culto la ley que prohíbe que un musulmán entre en un templo de otra religión. No se permite compartir el evangelio con ningún musulmán bajo sanción legal. Los islamistas, sin embargo, hacen grandes esfuerzos con el fin de convertir los chinos para el Islam.
Se hace imposible para un extranjero conseguir visa de misionero en la actualidad. Una hermana que fue misionera en el país volvió hace poco para visitar algunas iglesias. Descubrió que se encuentran menos de diez misioneros evangélicos ahora. Constituyen los creyentes evangélicos en el 1,2% de la población.
Las Asambleas de Dios de Malasia han experimentado un despertamiento espiritual y numérico en la década de los años ochenta. El número de iglesias ha subido de 43 a 175. El número de adherentes creció de 6.899 a 15.538. Es alarmante, sin embargo, que el número de estudiantes matriculados entre los dos institutos bíblicos de la denominación ha bajado de 103 a 72.
Tenemos que orar, obviamente, para que los musulmanes malayos tengan la oportunidad de escuchar el mensaje de salvación a pesar de las barreras legales y el prejuicio acérrimo en contra del cristianismo. Pidamos al Señor que los creyentes nacionales puedan ganar la confianza de sus compatriotas musulmanes y que su vida cristiana les inspire a investigar la verdad de Cristo.
Hay que orar también por los dirigentes nacionales de la obra evangélica en el país. Dios se puede valer de ellos para guiar a su pueblo a profundizarse en las Escrituras, logrando más madurez espiritual y aún mayor crecimiento numérico de almas nuevas.