|
Si Dios es bueno... ¿Por qué el sufrimiento? |
|
|
Carlos Darwin rechazó el Cristianismo después de la muerte cruel de su hija, Annie. En 1996 Charles Templeton, famoso evangelista, ahora difunto, publicó Farewell to God (Adiós a Dios). Anteriormente nombrado entre los mas usados por Dios por
En mis décadas de estudiar y trabajar entre incrédulos igual como entre cristianos, he observado que muchas personas sólo suponen que Dios sea bueno sin molestarse para realmente saber de Dios, y mucho menos para conocerlo. Curioso es que algunos pueden vivir años sin incluir a Dios en la vida, sin pronunciar "Dios" aún. Pero al acaecer un terremoto de repente medio mundo grita ¿Por qué permite Dios tanto sufrimiento?
En estos párrafos, no se analiza el sufrimiento del incrédulo, porque se da por sentado que todo pecador sufre precisamente por el pecado. La pregunta difícil es "¿Por qué sufren los hijos de Dios?"
Algunos creen que la única manera de enfrentar el sufrimiento es simplemente quitarlo. Nadie quiere sufrir; la naturaleza humana frenéticamente hace todo lo posible no sólo para sobrevivir, sino para evitar los dolores físicos y emocionales cada vez que sea posible. En las esferas evangélicas del mundo occidental, no siempre se ha desarrollado una teología bíblica respecto al sufrimiento. A pesar de los ministerios sinceros y compasivos, muchas portavoces llevan la etiqueta "Pentecostal" proclamando un evangelio "positivo" que fácilmente y muy equivocadamente se perciba como un "curalotodo". La cultura con sus empresas poderosas y sus ofertas de menguar las penas invade la teología, y suscitan presiones para tener "éxito" en el ministerio, lo cual se mide con la cantidad de feligreses y con los presupuestos altos.
Cuando el autor de estas palabras perdió a su hijo menor, Justin Juan, conocido como "Yeye" por un accidente de tránsito el 20 de diciembre de 2001, un amigo ministro me preguntó, "¿Cómo pudo Dios permitir la pérdida de tu hijo sabiendo que usted y Vickie han servido a Dios como misioneros por tantos años?" Si esto no fuera "consuelo" suficiente, un presbítero ejecutivo de mi distrito que amaba mucho a Yeye exclamó en la oficina del funerario "¡Yo estoy muy enojado con Dios!"
Aún sabiendo que ninguno de estos dos querían herirme, no tuve la fuerza emocional en el momento para responder a sus disposiciones, y después de cincuenta y cuatro años de seguir a Jesucristo tampoco pretendo portar respuestas fáciles. Pero creo que las interrogaciones de mis colegas arriba mencionadas son preguntas equivocadas. Dios no es capitalista que nos paga cada viernes por nuestro trabajo. Por un lado estos últimos años sin esa especial sonrisa tan calurosa de mi hijo, sin su abrazo musculoso, sin sus palabras "Papi, te amo", han sido de los más difíciles de la vida. Por otro lado sigo aprendiendo, y sé que algunas respuestas me esperan en el cielo. Creo que una mejor pregunta sería "¿Cómo se glorificará Dios por esta gran pérdida?" O tal vez, "¿Cómo puedo servir a Dios mejor de hoy en adelante?". Y la tragedia no sólo debería incitar preguntas sino también afirmaciones como "¡Gracias Señor por Tus sufrimientos en la cruz para que mi hijo te conociera y fuera redimido!" Claro que la gracia para reaccionar correctamente no viene de un solo golpe.
Vale la pena examinar cuatro consideraciones respecto al sufrimiento cristiano.
Cuando Pablo se escapó de los judaizantes y viajó para el Asia, el cristiano efesio Trófimo fue uno de los compañeros de viaje (Hechos 20:4). Pero en 2Tim.4:20, Pablo informa acerca de algunos fieles, y menciona a Trófimo, no para testificar de la sanidad, sino para decir que "a Trófimo dejé en Mileto enfermo". ¿Se sentirá Trófimo desamparado por Dios en este instante? Dios sana hoy, pero no a todos en todo tiempo. En el cielo nadie nunca se enferma. No vivimos en el cielo todavía.
Algunos, viendo que la enfermedad y muerte atacan también a los siervos del Señor, prefieren todavía escaparse de la realidad y por lo tanto insisten: "¡Si admitimos que a veces Dios no sana, algunos perderán la fe!" Pero y ¿qué de los que pierdan la fe oyendo que Dios sana, pero a la vez son acosados por la realidad que muchos no sanan? ¡Es urgente ofrecer una explicación o por lo menos consolación a éstos que piden respuestas honestas! ¡Muchos cristianos ancianitos y también jovencitos muy entregados al Señor, abnegados para el evangelio, han muerto en dolor y agonía! ¿Qué haremos con ellos? ¿Concluimos que por el pecado o por la incredulidad no sanaron? ¿Estamos dispuestos a censurarlos en medio de su dolor o vituperar su familiares que quedan de luto?
Como no hemos recibido el cuerpo glorificado todavía, tampoco hemos recibido la respuesta a muchas inquietudes. Jesucristo nos salva del pecado, pero ¿Quién se atreve a decir que desde nacer de nuevo ni una vez ha pecado ni jamás pecará en su vida? Igual que el pecado, el sufrimiento de una forma u otra toca a la gran mayoría de creyentes. La muerte nos toca a todos, a menos que el Rapto nos lleve antes.
Un autor famoso observó el impacto del sufrimiento: "Sin tus heridas ¿Dónde estaría tu poder? Los mismos ángeles no pueden persuadir a los miserables hijos tropezones de la tierra como lo pueden un solo ser humano quebrado bajo el engranaje del vivir."
El apóstol Pedro enseña que "si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois." ¡Inclusive Pedro implica que bien puede ser la voluntad de Dios en ciertos casos que los cristianos suframos! Aunque no vale la pena sufrir por pecar, "mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere" (1Pedro 3:17). Dios no siempre incapacita al diablo inmediatamente, sino que permite el sufrimiento para lograr propósitos excelsos en sus hijos. Un mandato claro respecto a Satanás es resistirlo firmes, mientras Pedro reconoce que "los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo", es decir que los sufrimientos de los cristianos no deberían sorprendernos.
Tampoco perduran los padecimientos para siempre, ni son sin recompensa, porque el mismo apóstol que reconoce la realidad del sufrimiento nos promete que "después que hayáis padecido un poco de tiempo, (Dios) mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca"(1Pedro 5: 10). ¡La fe del cristiano maduro no se limita a un mecanismo para pedir y recibir, sino que su fe es una respuesta sublime y constante de completa confianza en todo el carácter amoroso de su Padre! Además el seguidor de Jesucristo está contento porque lo que no se explica por su finitud aquí, se explicará por la infinitud de Dios allá en el cielo.
EL PAPEL DE DIOS EN EL SUFRIMIENTO DEL CRISTIANO Corrientes doctrinales de este siglo amenazan la teología sana. Muy a menudo se presenta a Dios como un gigante "San Nicolás" con el único trabajo de correr agitadamente por el mundo regalando casas y autos a los cristianos que envían sus ofrendas a todo ministerio menos la iglesia local. O a veces se presenta como el Divino Recadero o Conserje obligado a responder frenéticamente a toda persona que reclame o "confiese" positivamente la perfecta salud y comodidad.
¿De dónde brotó la noción de que Dios haya quedado endeudado con nosotros? ¿Qué derechos tenemos como una raza humana caída por el pecado? ¡Es únicamente por Su favor inmerecido que no seamos simplemente más combustible para el infierno! El profeta Jeremías nos recuerda: "Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias."
Entonces, ¿vivirá el cristiano sólo esperando el sufrimiento? ¡Dios guardepor supuesto que no! Algunos irán gozosamente al cielo sin haberse experimentado mayor aflicción. Los cristianos que pasan por tragedias y extremo dolor tarde o temprano disfrutarán una gracia tallada especialmente para su necesidad. Tendrá la oportunidad de conocer más a su Dios sumamente confortante y caritativo en una forma más íntima. Se podrá bañar en la esperanza viva de ver a sus seres queridos en el cielo con cuerpos que nunca duelen ni mueren. Como premio final se unirán con su Salvador Amoroso para toda la eternidad. "(Dios) les enjugará toda lágrima
no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor. No habrá más maldición
no habrá noche
Que la gracia del Señor Jesús sea con todos. Amén."([3])
.
[1] ¿"Por qué hay Muerte y Sufrimiento?" por Ken Ham y Dr. Jonathan Sarfati. Respuestas en Génesis, 2003.
[2] Guilt is the Teacher, Love is the Lesson(La culpabilidad es la maestra, el amor es la lección por Joan Borysenko, Ph.D.,Warner Books, 1990).
[3] Pasajes selectos de los caps. 21 y 22 de Apocalipsis, NVI Recuerde que puede consultar sobre diversos temas buscando alguna palabra relacionada que se encuentre en los artículos de la revista o en sus títulos. Asimismo puede buscar los artículos escritos por nombre o apellido del autor. Para ello, diríjase al ángulo superior derecho de la presente página |