El poder de la Palabra    
Por Miguel Iván Benavídez Ávila - Para mas articulos como este: www.Conozca.org


El evangelio postmoderno proclama el poder de la palabra humana a la altura de la Palabra revelada. Esto ha traído confusión al interior de la iglesia del Señor y es un pésimo testimonio ante el mundo por desconocer la realidad de la vida cristiana planteada en las Sagradas Escrituras.

Tanto personas cristianas como no cristianas buscan ‘la verdad’ en un intento desesperado por salir de la pobreza espiritual como material, sin preocuparse de las fuentes donde provenga tal información. Anthony de Mello, autor positivista reconocido entre los adherentes de la Nueva Era, dice en su obra titulada Autoliberación interior, “La verdad es importante, venga de donde venga, de la ciencia, de Buda o de Mahoma” (pag. 177). Muchos cristianos leen sus libros y en el afán de buscar una solución para sus necesidades, caen en un sincretismo religioso al tratar de amalgamar el cristianismo de Occidente con el espiritualismo de Oriente.

El ‘esoterismo’ es una marca del ‘espiritualismo’ de muchas religiones del Oriente y es uno de los fundamentos espirituales especiales de la Nueva Era. Esotérico significa oculto, secreto. El ocultismo está directamente ligado con la magia, la adivinación, la astrología, el tarot, la interpretación de sueños, la reencarnación, la visualización, y más. También se derivan creencias tan bien promocionadas que hoy por hoy disfrutan de una popularidad única. Entre otras, está que el hombre merece y tiene derecho a reclamar la salud, el bienestar, la prosperidad y el conocimiento de sí mismo, además de otras facetas sutiles que se ofrecen a los buscadores de la verdad.

Otro pilar fuera de la Nueva Era es el panteísmo, conjunto de creencias que afirman que todas las cosas forman un todo entre sí que se corresponden o dependen entre sí y que se interrelacionan o influyen, en lo cual actúa el cosmos. Para el panteísta, no existe diferencia entre creación o creador. Dios es la vez su creación. El forma parte de ella lo cual dice que Dios es una fuerza impersonal, una energía.

Existen cristianos que combinan algunas de las creencias anteriormente mencionadas, y las toman como doctrina cristiana sin conocer los orígenes esotéricos o panteístas. Confiesan que son parte de Dios, creados a su imagen. Por lo tanto, como Dios creó por la palabra, argumentan ellos, yo puedo crear por la palabra, pues la fuerza o poder de Dios actúa a través de mí. La secuencia natural es llegar a creer que son mis palabras que tienen el poder y que estas comprometen a Dios a actuar según mis demandas o declaraciones. También otras fuerzas o energías son movidas a cumplir las palabras pronunciadas.

Todo esto lleva al individuo a creer en la necesidad de pensar positivamente, a visualizar lo que desea y finalmente a confesar positivamente. Para él es peligroso hacer una declaración negativa. “Sus palabras tienen poder”, dice José Silva, el fundador del método llamado Control Mental Silva. En el libro que lleva su nombre, (Capítulo 8) él dice: “Si alguien declara: ‘Es un gran dolor de cabeza poner al corriente su talonario de cheques’, o ‘le enferma el clima que estamos padeciendo’ . . . recuerde que el cerebro es un intérprete literal. Dice: ‘Este tipo está pidiendo un dolor de cabeza.’ . .. Si decimos ‘¡Dios mío eso duele!’, con convicción, le ofrecemos una cálida hospitalidad al dolor.”

La señora Conny Mendez, en su libro Metafísica Cuatro en Uno, dice: “Por ejemplo, pide grande, El Padre es muy rico y no le gusta la mezquindad. No digas, ‘Ay papá Dios, dame una casita, aunque no sea sino una chiquitica’, cuando la realidad es que necesitas una casa muy grande porque tu familia es numerosa. No recibirás sino lo que pides. Pide asi: ‘Padre, dame a mí y a toda la humanidad, todas las maravillas de tu reino,’ y ahora haz tu lista” (pag. 40).

Por último me permito citar de una obra evangélica entre las muchas que existen de Charles Capps. En su libro: “La lengua una fuerza creadora” dice: “Jesús dijo que usted puede tener lo que dice. Hemos programado nuestro vocabulario con el lenguaje del diablo. Hemos traído enfermedad y malestar a nuestro vocabulario e incluso muerte. ‘Muerte’ es la palabra principal que mucha gente usa para expresarse. . . Me voy a morir si no hago tal cosa’ . . .Adán fue un poco más listo en cuanto a esto ya que al diablo le tomó 900 años matarlo. Ahora Satanás ha programado en tal forma su lenguaje en la raza humana que la gente puede matarse a los 70 años o en menos con el hablar del diablo.” (pag. 78, 79).

Son risibles y fantasiosos los argumentos que presentan los amantes del ‘poder de la palabra’. Si la situación económica es crítica, se debe confesar que hay bonanza, hay superávit, hay prosperidad. Si se está enfermo hay que declarar: “Soy fuerte, soy sano, no estoy enfermo.” Si hay problemas familiares de magnitud, la solución es un testimonio positivo: “No tengo problemas, mi esposa me ama, mis hijos me quieren, todo está bien, no te preocupes.”

Esto no es más que barro espiritual que en toda la sana doctrina. Es un evangelio distorsionado que socava las doctrinas fundamentales que por siglos ha predicado la Iglesia. Es un ‘evangelio’ de intereses mezquinos que manipula, aliena, intimida, ofrece falsas promesas, lleva a una culpabilidad errada y a la desesperación para producir finalmente apostasía, escepticismo y desgracia personal en muchos casos.

Hoy más que nunca son vigentes las palabras del apóstol Pablo quien sentenció: “El Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos abandonarán la fe para seguir a inspiraciones engañosas y doctrinas diabólicas. Tales enseñanzas provienen de embusteros hipócritas que tienen la conciencia encallecida” 1 Ti. 4:1-2 (NVI). Y, próximo a su muerte se dirige de nuevo a su hijo Timoteo para encargarle: “Porque llegará el tiempo en que no van a tolerar la sana doctrina sino que llevados por sus propios deseos se rodearán de maestros que les digan las novelerías que quieren oír. Dejarán de escuchar la verdad y se volverán a los mitos” 2 Ti. 4:3-4 (NVI).

La Biblia no oculta las situaciones difíciles por las que debe pasar el cristiano. Pablo y Bernabé fortaleciendo a los discípulos y animándolos a perseverar en la fe les decían, “Es necesario pasar por muchas dificultades para entrar en el reino de Dios.” Hch. 14:22.

Que hay que ser positivo y optimista a la luz de lo que enseña la Biblia, ya lo creo. Que debemos estar por encima de las circunstancias adversas que nos rodean, no hay que dudarlo. Que debemos creer y practicar lo que dice la palabra de Dios bien interpretada es nuestro deber y suma responsabilidad. Que debemos predicar la sana doctrina, Dios nos asista para que no le fallemos en esto.

Para finalizar este tema que apenas he rasguñado, me pregunto, “¿Qué piensan los fanáticos del poder de la palabra ante la prolífica evidencia bíblica que contradice sus argumentos?” Una de sus premisas es que las palabras positivas tienen poder de proteger o suplir una necesidad. Sería interesante ver lo que nos dice el autor en su hermosa carta a los Hebreos 11:35-39. No omite los padecimientos de los héroes de la fe. ¿Será que estos “héroes de la fe” como todo los conocen, no hicieron una confesión positiva? ¿El diablo los mató, jóvenes y llenos de vida, porque no fueron listos como Adán para vivir 900 años? ¿Se quedaron en la cárcel los que no dieron un testimonio positivo? ¿Acaso les faltó poder en sus palabras a los que sufrieron la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles? ¿No declararon positivamente los que fueron apedreados, aserrados, asesinados, los que anduvieron fugitivos, los que pasaron necesidades, afligidos y maltratados, sin rumbo por desiertos y montañas, cuevas y cavernas? ¿No hablaron la palabra creativa aquellos que no vieron el cumplimiento de la promesa?

Creamos pues lo que nos dice Dios en su Palabra y no las mentiras y fantasías de aquellos “lobos feroces” que sólo codician la plata, el oro y demás pertenencias de valor de los ingenuos que depositan en ellos su confianza. Hch. 20:26-34 (NVI)

Así podemos decir con toda confianza: “El Señor es quien me ayuda: no temeré” He. 13:5-6 (NVI). ¡Que esta sea la “confesión positiva” de quien en El cree!

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