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CORRIENTES TEOLÓGICAS CONTEMPORÁNEAS
septiembre - diciembre, 2001

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    ¿Vas a invalidar mi justicia?
      Enrique Cervantes S. (Año: 2001 - Num.: 4)   email:  print: imprimir articulo

EN UN SOLO versículo Dios en su pregunta a Job presenta toda una biblioteca acerca de su naturaleza infalible en comparación con la del ser humano. Se enfoca sobre nuestra tendencia, a menudo por nuestra ignorancia, de desacreditar a Dios porque deseamos justificarnos a nosotros mismos. ¿Vas acaso a invalidar mi justicia? ¿Me harás quedar mal para que tú quedes bien? Job 40:8 NVI. Dios es soberano en sus decisiones e infalible en la administración de las tales. Si lo vamos a aceptar como el Dios que está encima de todos los dioses, estas preguntas dirigidas a Job necesitan ser un principio central en nuestro concepto de su persona divina. Otro pensamiento principal es su transcendencia, o sea, que Dios sobrepasa todas las cosas. Este aspecto de la naturaleza divina permite que su justicia se administre en relación a su misericordia. Job llegó a comprender a Dios de esta manera después de haber pasado su experiencia que parecía trágica. Su sistema de valores se transformó en otro más alto. Dios le habló dos veces a Job desde la tempestad, primero en 38:2 y luego en 40:6-41. No lo hace en un tono condenatorio como lo hacen los “amigos” en capítulos anteriores. Al contrario, Dios habla porque anhela librar a su siervo de su confusión para traerlo a un conocimiento cabal de su Dios. Tampoco pretende el Creador sujetar a Job a la voluntad divina, aunque tiene todo derecho y capacidad de hacerlo. Mas bien, el Señor desea atraer a Job a una rendición voluntaria por medio de persuasión y alumbramiento. De esta manera, Dios le va manifestando su misericordia la cual transciende lo que pudiera proporcionar cualquier ser humano. Es a través de la interacción con el Divino Creador que uno puede ver y comprender que la naturaleza divina es más arriba y más allá de nuestra naturaleza. A su vez podremos dejar nuestros intentos de acomodar la naturaleza de Dios dentro de los paradigmas rígidos de nuestra propia naturaleza. Así es que podemos ver que 40:8 es una pregunta retórica que lanza el Señor con el fin de persuadir a Job a abandonar su posición de auto-justicia. Aunque una pregunta retórica es de por si ostentosa y rimbombante, Dios se vale de lo que cree necesario con el propósito de librar a su siervo de una dinámica relacional defectuosa. ¿Lo hizo Dios porque vio que Job era una persona digna de recibir una reacción del Todopoderoso? ¿Estimaba a Job como uno que había “ganado” su respeto porque había tenido el valor de ponerse en pie ante Dios el Gobernador del universo? Tenemos que responder que no. Lo hizo porque junto con su justicia fluye misericordia. Así Job sería salvo por la misma justicia que había pensado anular. Tenemos que ser justos y observar que este hombre no se propuso a propósito poner en casilla la esencia del ser divino. Era que Job actuaba de acuerdo a su cosmovisión mal informada y su comprensión limitada del ser de Dios. Esta cosmovisión torcida resultaba de una dinámica relacional defectuosa, cosa que hacía que Job adquiriera la idea de que se podía ponerse a la par de Dios en tanto que se portaba bien. Fijémonos ahora en la palabra central del primer verso de este poderoso versículo ocho: justicia. Son variadas las definiciones que dan diferentes diccionarios. El Diccionario Griego/Hebreo de Strong define la justicia como “legítimo o con el derecho de efectuar juicio” . Otro diccionario ofrece esta definición: “rectitud” Cuando este versículo dice que Job, la persona, invalida la justicia de Dios, nos ofrece una revelación muy radical. En los tiempos de Job se entendía justicia en relación con otras personas. No se hablaba todavía de la justicia (rectitud) como algo que ver con la naturaleza de Dios y no en el comportamiento pasado o presente de Job. Cuando se escribió este pasaje en Job, las palabras “justicia” y “rectitud” eran sinónimas. Consideremos ahora le palabra central del segundo verso del versículo ocho. La NVI traduce la palabra hebrea rasha como hacer quedar mal; la Reina Valera utiliza el vocablo condenar. El diccionario Strong explica que esta palabra hebrea quiere decir “estar equivocado, o, declarar estar equivocado; perturbar, violar. Otra definición es “implicación a través del proceso de discernimiento” Este proceso requería que la persona que condenaba ocupara el puesto más alto de “árbitro con la última palabra”. Semejante puesto se reservaba por lo general para una persona de la integridad más alta dentro de una comunidad. Así es que la posición previa que Job gozaba dentro de su comunidad era el resultado de razonamiento subjetivo. Por lo tanto, la piedad de Job nunca tendría cualidades eternas como las que tiene Dios. Cuando combinamos los dos versos de Job 40:8, vemos con claridad que la cuestión que Dios presentaba a Job era: Job, aunque yo te crié, ¿piensas invalidar mi justicia para poder mantener de manera terca tu posición de vanagloria? De este momento en adelante, el argumento presentado tiene el efecto de desprestigiar de una vez para siempre la suposición de Job que a él Dios lo trata injustamente. El tono fundamental de las palabras del Señor es que Dios siempre queda exaltado encima del conocimiento humano (comprensión) y poder. Como resultado, la única opción para Job es renunciar todo reclamo de conocimiento superior y el derecho de contender las acciones de Dios. Vemos, pues, que aquí en Job como en toda la Biblia el tema mayor es la justicia de Dios. Se ve en Génesis. Dios creó. Se trata de una acción de Dios. Cuando de forma explícita Dios revela su poder creador, Dios se coloca como aquel que regula los paradigmas de toda la creación. De esta manera el Señor se halla en el puesto superior con respecto a la dinámica de su interacción con el hombre que pronto se había de crear. Vemos, además, que cada cosa que Dios hace se entretiene con todos los aspectos de sus atributos divinos. Sus hechos proceden de sus atributos en forma combinada. Se puede pensar que la primera acción de Dios a favor del ser humano involucró implícitamente su amor, justicia, rectitud y misericordia. El atributo de la justicia divina nos intriga cuando vemos que Dios proveyó por la redención del hombre en Génesis 3:15. Al mismo tiempo que hizo juicio, le proporcionó la manera de lograr la redención. Debido a su omnipotencia, Dios a través de la historia ha ejercido su derecho de juzgar a la humanidad. La justicia de Dios no es nada abstracto, pero se ve en su relación con el mundo. Su señorío establece y mantiene la rectitud. Su justicia y rectitud a veces parecen ser una justicia retributiva, pero Dios no puede quedar indiferente frente al bien y ni tampoco frente al mal. Todos los profetas insisten que Jehová exige justicia. Sin embargo, esta justicia nunca se ve en exclusividad; más bien siempre se reparte conjuntamente con la misericordia y todos los demás atributos de nuestro Dios. El propósito del juicio de Génesis 3 que fue pronunciado sobre la creación entera era para abrir el camino para que la misericordia alcanzara todas las naciones. Vemos en Isaías que Dios se vale de Ciro, subyugador de Israel que no era judío, para lograr la restitución de Israel. Y así vemos en Job que la justicia divina se imparte en sinergia con su misericordia. Parece que Job veía la paz de Dios como la ausencia de conflicto más bien que la presencia del orden divino. Esto se ve a través del diálogo de Job cuando de continuo lamenta el cambio de sus “bendiciones” en tristezas y lo asocia con una falta de paz interior. No encuentro paz ni sosiego; no hallo reposo, sino sólo agitación, Job 3:26 NVI. Job no comprende por qué la calamidad lo ha sobrecogido, especialmente porque ha tenido cuidado de “apaciguar” a Dios. Si he pecado, ¿en qué te afecta, vigilante de los mortales? ¿Por qué te ensañas conmigo? ¿Acaso te soy una carga?, Job 7:20. Con todo, el deseo de Job de servir a Dios era genuino y por lo tanto Dios tomó interés en revelarse con más plenitud. Dios le había dicho a Satanás que Job era recto e intachable, que honraba a Dios y que vivía apartado del mal. Es cierto que Job estaba sin culpabilidad; sin embargo, no era intachable como lo es Dios. Aunque a Job no se le podía atribuir falta alguna a su persona, no era justo por naturaleza. Sólo Dios tiene la justicia como una parte íntegra de su ser. Job carecía de culpa debido a los sacrificios que ofrecía a Dios, pero los tales no extraían la culpabilidad, solamente la tapaban. Dios quería revelar a Job el concepto de gracia gratuita. El Creador se proponía erradicar los conceptos erróneos de Job y hacerle ver que lo amaba gratuitamente. Con eso no se quiere decir que la responsabilidad de ejercer justicia en la tierra quedaba anulada. Más bien, Dios quería que Job viera que con sus obras no podía exigir nada de Dios. Es así que Dios le ordena a Job a escucharle mientras él habla; más tarde el hombre podrá hablar. Ya para el capítulo 40 Job manifiesta una comprensión que no tiene plataforma alguna en qué basar su argumento. Job pudo comenzar a saborear el encuentro cara a cara con Dios en el cual fe, esperanza y amor se hallan. Hoy la iglesia necesita comprender que el amor de Dios no depende de ella. Nos incumbe contemplar y aplicar Job 40:8. Con demasiada frecuencia uno que otro creyente contemporáneo pretende usurpar a Dios y extraerle concesiones. Ha llegado a ser un hábito de algunos cuando oran de invalidar la justicia divina para justificar su propia posición. Parecería que creemos erróneamente que tenemos derecho de discutir nuestra posición ante el trono de Dios. La Iglesia más bien necesita postrarse ante un Dios justo y recto. Por medio de este proceso uno puede recibir una revelación cabal de la gracia gratuita de nuestro Señor. Únicamente cuando acabemos con los paradigmas ya establecidos podremos colocar una nueva dinámica relacional en nuestra comunión con Dios. Este encuentro conducirá a una renovación que nos dará la plenitud de vida para la cual fuimos creados. El propósito de la venida de Jesús al mundo era para que pudiéramos tener vida abundante. Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia, Juan 10:10.

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